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sábado, 12 de noviembre de 2011

CSM 233 - Os que bõa morte morren


Santa María, la gran Dama del amor caballeresco del rey trovador Alfonso X, ayuda, aconseja, convierte y salva a los caballeros con problemas que acuden a su amparo.

Un caballero era perseguido por otros caballeros enemigos suyos en venganza, pues había matado a muchos hombres. Un día que le encontraron solo, le persiguieron hasta la ermita de Peñacoba, cerca del monasterio de Santo Domingo de Silos en Burgos. Al entrar en la iglesia asustado pidió a Santa María que le defendiera. Al llegar un poco más tarde los perseguidores, encontraron ante la puerta de la iglesia caballeros armados que llenaban el lugar dispuestos a defenderle. Se trataba de buenos cristianos de la época en que se perdió aquella tierra a manos de los moros, que yacían sepultados en la ladera de la iglesia, después de muertos en batalla. Los enemigos al darse cuenta de que eran caballeros de otro mundo, y ver la protección de Santa María al caballero, se perdonaron mutuamente y se reconciliaron.




Letra:

[Como Santa Maria defendeu un cavaleiro que se colleu
a ha eigreja sua dus cavaleiros que o querian matar.]


Os que bõa morte morren e son quitos de peccados,
son con Deus e con ssa Madr'e senpre fazen seus mandados.

Desto direi un miragre que mostrou Santa Maria
por un mui bon cavaleiro, que en ela ben creya
e a que seus eemigos quiseron matar un dia,
se ll'ela 'nton non valesse, que val senpr'aos coitados.

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

El muit' omeziad' era e senpr' apos el andavan
aqueles seus eemigos, porque mata-lo cuidavan;
mas un dia que o soo eno camyo achavan,
a el correr-se leixaron, dando muy grandes braados.

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

Dizendo-lle: "Morreredes." Mas el nonos asperava,
ca tragia bon cavalo que o deles alongava;
e log' a hua ermida foi da Virgen, u entrava,
que é cabo Pena-Cova, u jazian soterrados.

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

Omees bõos do tempo que sse perdera a terra,
que os mouros gaannaran, e os mataran na guerra.
E ali Santa Maria o anparou, que non erra,
en com' agor' oyredes, se esteverdes calados.

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

Ele de Santo Domingo de Silos enton sayra,
e quando foi na carreyra e, como vos dixe, vira
seus eemigos pos ele viir e que lles fugira,
entrou naquela ermida dizendo: "Os meus peccados,

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

Madre de Deus, son tan muitos que, se me non perdõares
tu que o (ben) fazer podes, ou sse me non anparares
destes que me matar queren, par Deus, muitos de pesares
te farán os malcreentes que andan desasperados."

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

Enquant' el esto dizia, os cavaleiros mui toste
chegaron polo mataren; mas viron estar grand' oste
ant' a porta da eigreja, que era en un recoste,
e tod' aquel lograr cheo era d' omees armados

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

Que llo defender querian, se ss' eles a el chegassen.
E quand' eles esto viron, med' ouveron que ss' achassen
mal de Deus e de sa Madre se y mais fazer provassen,
e afastaron-s' afora, ca foron muit' espantados.

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

Ca ben viron que aqueles que o ajudar veeran,
en como toste chegaron, que deste mundo non eran;
e porende repentidos foron de quando fezeran
e perdõaron-lle logo, e foron del perdõados,

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...

E de ssuu se tornaron. E pois as gentes souberon
da terra este miragre, muy gran prazer end' ouveron;
e todos comualmente a Santa Maria deron
loores, porque son senpre os seus por ela guardados.

Os que bõa morte morren e son quitos de peccados...


martes, 24 de mayo de 2011

Cantiga 77 "Da que deus mamou"



Esta es cómo Santa María sanó en su iglesia, en Lugo, a una mujer que tenía encogidos los pies y las manos."No es maravilla que sane al tullido aquélla de quien Dios mamó la leche de su pecho."De esto hizo Santa María un milagro hermoso, grande y piadoso, en su iglesia de Lugo, por una mujer que tenía paralítico y encogido por el mal lo más de su cuerpo.Que sus dos manos, de tal manera se le habían encogido, que se metieron hasta los hombros, y los calcañares, y por la misma razón, se metían en el maltrecho cuerpo.Después que vio que no la curaba ninguna medicina, se volvió a Santa María, la noble Reina, rogándole que no tomase a mal el que ella hubiera podido hacer, sino que en provecho suyo parase mientes en ella, de manera que sanase; y, si no que hiciera porque muriese pronto; y luego se hizo llevar en un lecho, pequeño y estrecho, ante su iglesia.Y, estando allí, hizo vida virtuosa, hasta que alcanzó la merced de la Señora llena de todo bien, en el mes de agosto, en el día escogido de su fiesta grande, como referido os será ahora por mí. Porque aquel día hizo que la entrasen en la iglesia de Santa María; y la Virgen no dilató la resolución, sino que le volvió sano todo el cuerpo. Pero sucedía de tal manera que allí donde sanaba, cada miembro, de suyo, estallaba, como la madera seca de un techo, cuando se extendía el músculo encogido.El obispo y toda la gente que estaban delante, viendo esto y oyéndolo, y llorando fuertemente, vieron que fue un milagro y no una trampa, y alabaron a la Virgen muy de veras.

martes, 26 de abril de 2011

Cantiga 152 "Tantas nos mostra a Virgen"



Cómo un buen caballero de armas, aunque era muy dado a la lujuria, decía siempre "Ave María" y Santa María lo hizo apartarse de ella con su demostración.

"Tantas mercedes y amores nos muestra la Virgen, que, por nada, debemos ser nunca malos pecadores."

Y de esto un muy grande milagro mostró a un caballero, que era apuesto y hermoso, y valiente, y buen guerrero, pero era lujurioso, y soberbio y engañador, y lleno de muchos pecados, grandes y menores.

Este, por nada oía maitines ni vísperas, ni horas, ni misa; pero confiaba en Santa María y decía muchas veces la salutación que le había dicho el santo Angel, de la que somos sabedores.

Y, un día, estaba pensando en sus cosas, cómo enmendar su vida, y tenía gran contienda porque su alma le aconsejaba que le diese esta enmienda, pero la carne no quería que dejase sus placeres; y estando él con esta porfía se le apareció la Gloriosa, con una blanca escudilla de plata, grande y hermosa, llena de manjar muy amarillo, no de comida sabrosa, sino amarga, y, además de esto, daba malos olores.

Cuando la vio el caballero, se espantó, medroso, y preguntó quién era. Dijo Ella: "Yo te lo explicaré, yo soy Santa María y vengo a mostrarte tu situación con esta escudilla, para que dejes tus errores.
Porque ves, esta escudilla te muestra que eres hermoso, y tienes muy buenas dotes; pero, pecador y sucio en el alma, por eso hueles como este manjar astroso, porque irás al infierno, que está lleno de amargores."

Y cuando esto le hubo dicho, la Virgen se fue, y él, de allí en adelante, enmendó tanto su vida, que, cuando fue su alma separada del cuerpo, se fue a donde vio a la Virgen santa que es Señora de las señoras.

sábado, 12 de marzo de 2011

Cantiga 205 "Oraçon con piadade oe a Virgen de grado"



"La Virgen oye complacida cualquier oración piadosa y guarda de mal a quien le es encomendado en ella"

Que esas dos cosas hacen ganar su amor y gracia muy complidamente, si con devoción se hacen como es debido; y así se manifiesta abiertamente su virtud ante todo hombre en dificultades.

Sobre esto os pido que me oigáis un milagro que hizo Santa María; y, si os fijáis, oiréis muy gran maravilla y os convenceréis de cuánto ha beneficiado al hombre la oración.

Había en la frontera un castillo moro muy fuerte, al que atacaron expediciones cristianas salidas de Uclés y de Calatrava con mucha caballería.

Allí estaba don Alfonso Téllez, apreciado ricohombre que aportó gran compaña de excelentes caballeros valerosos y arriscados, otros buenos guerreros y muchos almogávares, infantes y ballesteros, con los que prontamente asaltó el castillo.

Fuertemente asediado, derribados sus muros, la población que vivía dentro, despavorida y derrotada se refugió en una recia torre.

Cada lado de ella fue minado y le prendieron fuego; los moros del interior, para salvarse de las llamas, se apretujaron entre las almenas y así murieron muchos de aquellos desgraciados.

Acorralada por el fuego que la cegaba y quemaba, una mora subióse a lo más alto con su hijo, al que amaba más que a sí misma, por salvarlo.

Y la pobre se sentó entre dos almenas con el niño en brazos, y a pesar de la voracidad del fuego que les cercaba, ni ella ni el hijo sufrieron quemaduras.

Al maestre de Calatrava don Gonzalo Yáñez, que se esforzaba en servir a Dios combatiendo a los moros y por eso atacaba con tanta saña aquella torre, y al ya citado don Alfonso Téllez, cuando vieron a la mora entre las almenas del baluarte minado e incendiado, se les figuró una imagen de la Virgen con el Niño en brazos, y sintieron piedad por ellos, lo mismo que los demás cristianos presentes, y con viva aflicción imploraron a Dios que los salvase, pese a ser infieles, y Dios quiso hacer este gran milagro:

aquella parte de la torre se vino abajo lentamente sobre un amplio llano, de modo que ninguno de los dos, ni la madre ni el niño, sufrieron daño alguno al caer; los depositó salvos en un prado la Virgen María, a quien rogaban por ambos los cristianos. Todos se maravillaron mucho por lo sucedido y entonaron loores a Ella y a su Hijo; la mora y el niño fueron bautizados.

domingo, 27 de febrero de 2011

Cantiga 36 "Muit' amar devemos"



Esta es cómo Santa María apareció de noche en el mástil de la nave que iba a Bretaña y la libró de peligro.

"Mucho debemos amar con nuestras voluntades a la Señora que nos libra de cuitas y tempestades."Y de esto mostró la Virgen, en el mar de Bretaña, donde hizo una maravilla tan grande como no la puede mostrar otro santo, cuando fue a librar una nave en la que iba multitud de hombres para buscar su provecho, por lo que todos luchamos.Y como singlaban por el mar, tal fue su riesgo, que se levantó gran tormenta, y se hizo oscura la noche, sin que nada les valiese, ni saber ni cordura, y todos creyeron morir, sabedlo de cierto.Cuando vieron tal peligro, gimiendo y llorando, se pusieron a rogar a los santos todos, llamando por su nombre a cada uno de ellos, rogándoles que viniesen a socorrerlos, por sus piedades.Cuando tal oyó un abad que en la nave iba, díjoles: "Tengo para mí que hacéis una gran locura, que vais a rogar a otros santos, y a Santa María, que nos puede librar de esto, es a la que no mentáis."Cuando esto oyeron decir a aquel santo abad, entonces, todos, con unánime voluntad y corazón, llamaron a la Virgen Santa, Madre de la piedad, que les valiese y no reparase en sus maldades. Y decían: "Señora, válenos, que la nave se hunde."En diciendo esto, miraron, como es costumbre, al mástil, y vieron sobre él una gran luz que alumbraba mucho más que otras claridades.Y después que esto se les apareció, se calmó el viento, y el cielo vieron claro, y el mar amansado, y llegaron pronto al puerto que deseaban, lo que les satisfizo, no tengáis duda.

sábado, 19 de febrero de 2011

Cantiga 192 "Muitas vegadas o dem' enganados"

Cómo Santa María libró a un moro, que estaba cautivo en Consuegra, del poder del demonio.




"Muchas veces tiene el demonio engañados a los hombres porque les hace creer muchas sandeces; y tales pecados deshace la Virgen con su gran saber."

Y, de esto, os será contado por mí y mostrado un milagro, por cuanto aprendí. Será hermoso, y bien escuchado y con ahínco, por mi gusto, y debe serlo porque Dios, el muy honrado, quiso hacerlo por Aquélla de la que fue nacido.

En Consuegra había un buen hombre, tal que a Santa María amaba más que nada y mucho porfiaba sobre Ella con un moro de Almería que decía que no valía nada su gran poder.
Este moro era cautivo suyo, y era fuertemente incrédulo; y ya quisiera, de grado, hacerlo cristiano y darle su paga, pero no había podido hacerlo, aunque se lo dijera, porque siempre se había mantenido en su incredulidad en la Gloriosa, razonando mal y con soberbia y desdén, que era muy engañosa, mentirosa y dudosa su fe y sin provecho el mantenerla, y cosa tan revoltosa y embarazosa da enojo oírla y no cabe comprenderla.

El hombre, entendido y de buen juicio, se apercibió a guardar muy bien al moro barbudo, falso y descreído, y, como persona sesuda, lo mandó meter en un sabido escondrijo de la bodega y lo hizo yacer dentro. Y cuando allí yacía, llegó el demonio y entró corriendo en él; pero se defendió el moro, temblando mucho y contendiendo, le cogió un dedo con la boca y, gimiendo y apretando fuerte, deshaciéndolo, se lo hizo perder.

De esta manera vino dos noches, pero, a la tercera, la Señora de prez, la muy verdadera y Virgen entera, como una llamarada, se dejó ver y le enseñó el camino, para que no pudiese arder en la hoguera del infierno, que hiede.
Y dijo: "Pagano, si quieres salvarte del demonio, por completo, tienes que separarte del falso, vano, muy loco y villano Mahoma, que no puede valerte, y hacerte cristiano y hermano nuestro, con arrogancia y sin temor."

Después de que lo instruyó, él le respondió que todo aquello en que había andado se había terminado, y que mal negocio hacía si no recibiera el bautismo y errara en su conocer, por cuanto había demostrado fe tan cara.

"Pero mañana, al claror, querré recibir la fe de los romanos, pues la conozco bien -dice él- porque los paganos andan, con mal seso, a manera de vanos, que no están informados de la Ley de los cristianos, para discutir nada, ni como lozanos, más bien como alocados hacia la Meca procuran extender sus manos."

Cuando amaneció, de allí lo sacó su dueño, y, claramente, le contó que había visto a la lozana Virgen que nos sana y nos logra el perdón de la manzana de Eva.

"Por ende, la ley cristiana, cumplida y cierta, y no la vana, quiero defender."
Cuando terminó estas razones, su señor lo hizo bautizar, y honrar muy cumplidamente. Y después fue hombre de buena vida, y sirvió a Aquélla que nos convida a darnos un gozo tal como nunca fue oído y de quedar a salvo sin morir nunca.