sábado, 26 de noviembre de 2011

Reflexiones Castellanas: L.O. 1/2004, leyes parche y violencia doméstica


La violencia sobre la mujer es un hecho lamentable al que hay que poner fin de un modo u otro, pero hemos de hacerlo bien, en condiciones, no con sistemas electoralistas y poco trabajados, que a modo de un efecto "boomerang" acaban por salpicar de nuevo a aquellas mujeres que si necesitan de una ley que sea ética, justa y firme. 

No se si conocerán o estarán familiarizados con esta ley (L.Orgánica 1/2004 de medidas de protección integran contra la violencia de género) , pero les puedo asegurar que es un auténtico lastre para investigar y actuar contra los verdaderos casos de violencia doméstica. Esta ley (1/04 de violencia de "género"), como todas las leyes que se hacen a golpe de informativo en este país (Ley del Menor, ley de libertad religiosa, ley de igualdad....) son leyes parche, es decir, leyes alivia conciencias y con fines puramente electorales, y como en este país no se legisla en base al bien común a largo plazo sino solamente a medio/corto plaza de 3-4 años, se hacen verdaderas chapuzas. 

El problema principal de esta ley es que es una ley injusta, parece ser que el binomio ley/justicia , tan blando y difícil de sobrellevar y que tanta responsabilidad requiere , ya no se utiliza y que la base del derecho, que no es otra que la tradición y la costumbre, desde hace unas décadas se la pasan por el forro nuestra buena clase política. Con esta ley se suspende el principio tan fundamental de inocencia, vale unicamente una denuncia NO comprobada para que a un hombre le detengan, pase a disposición judicial y que se le ponga una orden de alejamiento de su domicilio y su familia hasta que sea menester. Los hostales están llenos de hombres que, en muchísimos casos, no han cometido otro delito que el no llevarse bien con su esposa, y el uso malintencionado de esta ley injusta (insisto en la importancia de este concepto) han hecho caer a miles de varones en profunda desesperación.

Con esto no quiero decir que no haya que actuar contra el maltratador, OBVIAMENTE sería de necios no hacerlo , pero en mi opinión la primera acción es la moral, ¿de que sirve cortar unas ramas a un árbol enfermo si no se actua sobre la raiz? de nada, y como tantas cosas en este país (principalmente las de mayor importancia que son las de carácter moral) se hace mal, dejando que la raiz se retuerza y crezca mientras como tontos intentamos cortar la hojarasca podrida. Y en cientos de casos, mal cortada.

Además que es de simple sentido común , algo tan extravagente en estos tiempos, comprobar que muchos de los casos en los que al final se cometen tropelias y homicidios, son alimentados por esta misma ley, que relega al hombre a un puro sentido de dolo, de culpabilidad y pena no comprobada, que hunde en la desesperación al sujeto pasivo de la pena. Siempre pongo el mismo ejemplo, un hombre de naturaleza nerviosa o violenta que en este casos sea culpable de los malos tratos, es completamente desposeido de todo bien y derecho, y se le introduce en una vorágine reguladora de su propia libertad y patrimonio, con el tiempo su víctima se convertirá en el fundamento de su mal y la salida más fácil y rápida , principalmente si esta persona no esta en sus cabales, es acabar con ese mal, lo que empuja al homicidio. No me gusta tratar de estadísticas pero ahí están, las muertes derivadas de procesos de malos tratos no han descendido en absoluto, además que no han mejorado las condiciones de vida de las que si son verdaderamente víctimas, mientras que por otro lado se ha creado un marco legal que es puramente injusto, y cuando se crea un marco legal, cuando se nos elimina como sujetos racionales, se pierde el sentido de la responsabilidad, puesto que ya no tenemos que pensar por nosotros mismos pues estamos respaldados legalmente, entonces sin ese sentido de la responsabilidad (o simple sentido común) nos volvemos más masa estúpida , más tontos, más infantiles....menos personas.

Esta es solo una muestra más de una sociedad a la deriva, un barco que se hunde y cuyos tripulantes están convencidos de que seguro alguien vendrá a rescatarlos, por lo que ni flotadores utilizan. Es una radiografía ordinaria de lo que está sucediendo en nuestro viejo occidente, más si cabe, en nuestra vieja España.