viernes, 17 de agosto de 2012

Reflexiones castellanas: Nadie es más que nadie

<<Sábete Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro>>


<<No es un hombre más que otro, si no hace más que otro>> dice Cervantes en boca de Don Quijote y <<nadie es más que nadie>> Juan Bravo en las guerras Comuneras... es un pensamiento que sintetiza la máxima de igualdad arraigada en Castilla a lo largo de los siglos y que hunde sus raíces en la doctrina católica y en la Reconquista, donde los colonos que se asentaban en Castilla (generalmente vascos, astures y cántabros) forman sus villas a las que despues los reyes conceden fueros propios...son, digamos, campesinos soldados, que con el tiempo llegan a pertenecer a la baja-nobleza y a la caballería (gran ejemplo el infanzón Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, en el S.XI).

Recordemos también que en el reino de Castilla nunca existió el régimen feudal y un colono ganaba y valía lo que ganaba y mantenía con su trabajo y con su espada. De este hecho se desprenderá más tarde, como dice el buen Don Claudio Sánchez Albornoz, el sentimiento y concepto de hidalguía; en Castilla  - las crónicas alemanas muestran con asombro (y desprecio por cierto) - un mendigo mira de tu a tu a un juez o a un Conde, puesto que <<nadie es más que nadie>>.

Pero no todo lo que reluce es oro, pues con el tiempo, ese concepto y sentimiento hidalgo acabará por degenerar en el mal nacional: la envidia, bien resumida en esta expresión : <<y este ¿quién coño se ha creído que es?>> (Pio Baroja) . Esta degeneración de la igualdad que es la envidia, junto con la hidalguía, es la cara y la cruz , en parte, del ser castellano, quien todo lo puede pero quien no soporta que lo pueda su vecino....

Por lo tanto, existe un igualitarismo saludable, reflejado en aquel <<no es un hombre más que otro, si no hace más que otro>> de Cervantes, donde se concede la igualdad de origen, basada en la certeza de ser todos hijos de Dios por igual, pero la capacidad de diferenciarse de acuerdo con el esfuerzo. Por otro lado, un igualitarismo casi ideológico o pseudo-instintivo, que es la envidia; degenerada de la anterior virtud, la propia exigencia de que todos seamos iguales "per se" -mejor dicho a la castellana" por cojones".- sin importar los esfuerzos de cada cual...

Anda que no da mecha para tratar este tema. Prometo algún día ponerme con ello más profundamente.