domingo, 8 de enero de 2012

Lecturas (III) : Un cuestionario, de Leonardo Castellani

En relación a la entrada anterior que publiqué ayer con sorpresa, he decidido pasar el siguiente artículo de opinión que realizara nuestro genial cura argentino en Agosto del año 1965 y que yo he tomado prestado de la recopilación editada por Libros Libres el año pasado, Pluma en Ristre, en su página 137.

Por mi parte, poco más que añadir.



Un cuestionario

Recibí no mucho ha un formulario de una <<encuesta eclesiástica>> firmada por varios; y entre ellos, una persona que conozco y respeto.

La pregunta número 4 rezaba así: <<¿Qué le falta al sentimiento religioso de nuestra época?>>; y yo corregí un poco la pregunta y contesté: <<¿Qué le falta a nuestra época? El sentimiento religioso>>.

A mi me parece muy bien que hagan reuniones en Pilar para discutir que cosas exige el sentimiento religioso de nuestra época; aunque pudiera darse que lo que exige no es lo que necesita, como los chicos caprichosos. A lo mejor lo que nuestra época necesita es eso simplemente: poner exigencias. Pero estoy pronto s conceder que nuestra época puede exigir y aun necesitar un pequeño cambio en la liturgia, con que se pongan en castellano (bueno o malo) unas cuantas oraciones que antes estaban en latín. ¿Por qué no? Eso no puede hacer daño; y cediendo a esa pequeña exigencia de nuestra época, nos modernizamos los curas.

A lo mejor nuestra época piensa que un nuevo traje eclesiástico puede edificar más a los fieles, ¿y por qué no? Esos talares antiguos ya están demasiado vistos. Y los curas que disponen de 10.000 dólares pueden fácilmente hacerse un buen traje civil más bien plomizo o azul floncé , con un plastrón de pastor protestante; y andar con el muy orondos por la calle, esperando que nuestros hermanos separados nos aprecien la delicadeza.  No tengo nada contra eso: los clérgerminans son más prácticos que la sotana para andar en colectivo; y no teniendo todos los curas auto particular , muchos tienen que usar la carrozza di tutti; menos yo, que me arreglo tan guapamente con no salir de casa.

Incluso la exigencia de <<un nuevo Misal>> no me repugna; católico, se entiende. Sé que el Nacional Church Council de Norteamérica, que cuenta con la adhesión de 228 <<iglesias>> (o sectas) con muchos miles de dólares y un 40% de <<pastores>> comunistas, ha publicado no solo un nuevo misal (Prayer-Book) sino una nueva Biblia modernizada; y podada de muchos versículos viejos y fastidiosos acerca de la Divinidad de Cristo, los Judíos, y lo que ellos llaman <<la moral sexual>>; no sé bien por qué, pues de moral tiene poco.

La nueva Biblia ha gustado a todo el mundo en general, incluso a los comunistas, ¿y cómo no?, de los 95 traductores de la Revised Standard New version of the Bible, treinta por lo menos son comunistas. Como dijo uno de ellos, el comunista Manning Johnson, citando el manual de la escuela Lenín de Guerra Política: <<Donde esté la masa, allí debe estar el comunista, y la masa de la USA es protestante…>>>.

No digo debamos seguirlos en todo, pero me parece un buen ejemplo, por lo menos en lo referente al nuevo Misal.

Pero a lo mejor se puede responder más barato a las exigencias de la época tomando el misal viejo y encuadernándolo de nuevo con tejuelo en oro que diga <<Nuevo Misal>>. Y aún más: como el misal viejo lo usaban tan poco los fieles, incluso en su traducción castellana y debe de andar casi nuevo flamante, a lo mejor ni es necesario encuadernarlo de nuevo, sino cambiar el tejuelo solamente; que siempre sería una ganancia adicional para la editorial Bonum, que creo tiene el monopolio de estas cosas.

En estos pensamientos andaba yo, el codo en la mesa y la mano en la quijada, respondiendo mentalmente al cuestionario, cuando me acometió un pensamiento fatídico: <<¿Quién te dice que las exigencias de la época no vayan a cambiar dentro de poco?>>. Por ejemplo, que la gente comience a decir que era mejor la antigua misa en latín y de frente al Santísimo, y no de frente a la masa, porque era más corta; o bien comience a decir que a los curas les sentaba mejor la sotana, que al fin es un tapamiento que oculta los pantalones remendados o sin planchar, e incluso la barriguita, que el actual clérgiman no hace más que destacar; como pasó igualmente con los pantalones de las mujeres, que cuando éramos jóvenes nos entusiasmaban, y ahora cuando nos cruzamos una empantalonada, le mandamos una retahíla de maldiciones entre dientes. Todo esto es prosaico, pero sucede.

Entre paréntesis, ahora recuerdo que leí una <<carta de una lectora>> en <<La Prensa>>, en que las maldiciones las manda ella, por que no la dejaron entrar en pantalones en un Museo; siendo así que en muchas parroquias (alega) los <<curas jóvenes>> les dejan entrar de pantalones y sin velo ni nada en la cabeza, dejando a un lado la poesía que dice:

Niña, en la iglesia tu cabeza tapa:
San Lino lo mandó, segundo Papa.

después de lo cual concluye: <<¿En que época viven todavía esos reglamentos retrógrados de los Museos, cuando hasta los curas se han puesto a la altura de las exigencias de la época?>>.

De modo que a la <<cuestión>> del cuestionario número 5 que rezaba: <<¿Qué opina de la reforma del traje eclesiástico?>>, que yo estaba por responder: <<Espléndida>>, me contenté prudentemente con decir: <<Por ahora nada; veremos en lo que para>> - como dijo el chófer cuando se le rompió la dirección del auto.