miércoles, 11 de septiembre de 2013

Somos hombres de otro siglo (III): Sinceridad.

Como si el alma anduviese a ojos vista ,así debíamos andar de sinceros los hombres en esta vida - y esto lo dice quien peca precisamente de lo contrario- . Que nos van a medir a lo largo , a lo ancho y a lo profundo con la vara de la más exacta sinceridad.

Pero no ocurre y hay que clamar por la sinceridad.

Ser sinceros, no arroparse con el ropaje de la vulpeja intentando pasar de contrabando por coladeros. El problema, no lo han dicho tantas veces , está en ser sinceros.

Esa sinceridad que parte, como de puerto, de nosotros mismos para con nosotros mismos. De nosotros mismos siendo sinceros para  con  nuestro prójimo y así hacerlo sincero también.

Sinceridad en la profesión religiosa que es la profesión de la vida. De fe en la vida del hogar, por íntima que ésta sea , y en la vida pública.  Sinceridad en eso que profesas  para ganar el pan y que algunos dieron en llamar profesión .  Profesar la profesión sincera, es algo así como un voto al que no puede faltarse  sin pecado grave descaradamente contra Él.

Por no ser sinceros en el amor nos vino un día con hoces y martillos el odio.

Por no ser sinceros a la lealtad de la patria un día destejieron con sangre y con dolor el destino y , finalmente , nos concedieron con crueldad tres años de horror y de luto.

Por no ser sinceros con nosotros mismos un buen día nos quedamos sin rey y poco a poco, por nosotros mismos, nos quedamos sin fe; y para eso no existe el perdón.

Por no ser sinceros, andamos atribulados los unos con los otros, y nos vamos robando la paz , hermano, y alarmándonos con dimes y diretes ... y a mi que no me digan que esto de la sinceridad es también muy difícil porque no me lo creo.

Sinceridad mantenida como lealtad a la Cruz y a la bandera y a la Patria Grande y a la patria chica y a los hijos que desvelan con sus llantos y a la mujer que vela nuestra fiebre al pie de nuestra cama.

Hagamos todos por la causa de la sinceridad el ejemplo de la nuestra.

Y aunque  cueste, fortalezcamos nuestra postura con ese gallardete altivo de ser sinceros , aunque traiga ello  el dolor de ver rasgarse  la tela y perderse los colores, cuando tantos faltan al mensaje que un día la Palabra nos envió.