martes, 31 de agosto de 2010

Cartas del Diablo a su sobrino (C.S.Lewis)

Editado por el autor originalmente en Hispanismo.org



Ya se que en su momento realicé una breve reseña de esta obra en el apartado de “Lectura de los foristas” pero me van a permitir que abra un tema a parte para realizar una reseña en condiciones acerca del libro en particular.


Se trata de “Cartas del Diablo a su sobrino” , editorial RIALP , 14ª Edición, compuesto por las 31 cartas originales , Prefacio y Prólogo. El libro lo abre este Prefacio anteriormente nombrado que resulta ser una reflexión del autor acerca de las consecuencias de estas cartas, motivaciones que tuvo y lo duro que le resultó realizar un trabajo con este transfondo ético desde la perspectiva contraria, pues mientras el lector se encuentra el entramado mascado, el autor tubo que realizar un enorme ejercicio de reflexión para poder escribirlo. Ojo, reflexión, unicamente pues es el mismo Lewis quien afirma que nunca le resulto tan fácil a la postre, escribir dicho trabajo, pero que esto mismo le supuso un enorme desgaste, y no continuaría con una segunda parte (“El diablo propone un brindis) hasta , nada más y nada menos, que 20 años después.

Para situarnos, parece que el contexto no podía ser mejor para una obra de características filosóficas y religiosas (si señores, no son pseudónimos), pues este libro se escribe en plena Segunda Guerra Mundial, en una Inglaterra cerca de ser bombardeada y con una población dividida entre el heroísmo y el miedo, el heroísmo del panadero que durante 2 días esta quitando escombros y jugándose el tipo para ayudar a su prójimo, y el miedo, el miedo que, humanamente, ese mismo panadero siente, y como ambas posturas tan extremas son capaces de encontrarse en una misma persona, y de cómo en un periodo tan crítico pueden alumbrar las mejores y peores cualidades del ser humano.

Como ya comenté, estas cartas resultan ser una inteligentísima alegoría ética, las cuales se encuentran metafóricamente escritas por un Demonio (Escrutopo) a otro, que resulta ser su sobrino (Orugario) , el cual es un demonio joven y esta realizando su primera misión que consiste en arrastrar y condenar a un joven (al que denominan como “Paciente”) que precisamente, esta reencontrándose con la fe de Cristo (al que denominan “El Enemigo”). Mientras que Escrutopo tiene experiencia, su sobrino no hace más que pedirle consejo para llevar a cabo su labor, y así poder atacar su alma por los flancos más insospechados, desde la relación con su madre, con sus propias reflexiones, con las mujeres, con sus miedos, con el grupo de amigos, incluso con la Iglesia. Los consejos de Escrutopo son muy inteligentes, y los lectores, que generalmente presumimos de ser poco influenciables, nos damos cuenta de cómo Lewis trata el tema de forma magistral y que permanece, a día de hoy, con la fuerza de las grandes reflexiones que no envejecen y que mantienen fresca su rabiosa actualidad, quizás más aun, si cabe, en estos tiempos de hierro en los que desgraciadamente tenemos que desenvolvernos.

De las 31 cartas, el lector sacará sus reflexiones favoritas y las citas más representativas, en mi caso dejaré unas citas que a mi me han impresionado, empezando por la carta XV:

<< Desde luego, el Enemigo quiere que los hombres piensen también en el futuro: pero sólo en la medida en que sea necesario para planear ahora los actos de justicia o caridad que serán probablemente su deber mañana. El deber de planear el trabajo del día siguiente es el deber de hoy; aunque su material está tomado prestado del futuro, el deber, como todos los deberes, está en el presente. Esto es ahora como partir una paja. Él no quiere que los hombres le den al futuro sus corazones, ni que pongan en él su tesoro. Nosotros, sí. Su ideal es un hombre que, después de haber trabajado todo el día por el bien de la posteridad (si ésa es su vocación), lava su mente de todo el tema, encomienda el resultado al Cielo y vuelve al instante a la paciencia o gratitud que exige el momento que está atravesando. Pero nosotros queremos un hombre atormentado por el futuro: hechizado por visiones de un Cielo o un Infierno inminente en la tierra —dispuesto a violar los mandamientos del Enemigo en el presente si le hacemos creer que, haciéndolo, puede alcanzar el Cielo o evitar el Infierno—, que dependen para su fe del éxito o fracaso de planes cuyo fin no vivirá para ver. Queremos toda una raza perpetuamente en busca del fin del arco iris, nunca honesta, ni gentil, ni dichosa ahora, sino siempre sirviéndose de todo don verdadero que se les ofrezca en el presente como de un mero combustible con el que encender el altar del futuro.>>


Así pues, lo acontecido en la Carta XXV es todavía más impresionante, y discúlpenme queridos amigos si les reproduzco una pieza bastante grande, pero creo que no debo dejar ni una coma en todos los párrafos que a continuación les reproduzco:

<<(…). Si han de ser cristia nos, que al menos sean cristianos con una diferencia. Sustituir la fe misma por alguna moda de tonalidad cristiana. Trabajar sobre su horror a Lo Mismo de Siempre.
El horror a Lo Mismo de Siempre es una de las pasiones más valiosas que hemos producido en el corazón humano: una fuente sin fin de herejías en lo religioso, de locuras en los consejos, de infidelidad en el matrimonio, de inconstancia en la amistad. Los humanos viven en el tiempo y experimentan la realidad sucesivamente. Para experimentar gran parte de la realidad, consecuentemente, deben experimentar muchas cosas diferentes; en otras palabras, deben experimentar el cambio. Y ya que necesitan el cambio, el Enemigo (puesto que, en el fondo, es un hedonista) ha hecho que el cambio les resulte agradable, al igual que ha hecho que comer sea agradable. Pero como El no desea que hagan del cambio, ni de comer, un fin en sí mismo, ha contrapesado su amor al cambio con su amor a lo permanente. Se las ha arreglado para gratificar ambos gustos al mismo tiempo en el mundo que El ha creado, median te esa fusión del cambio y de la permanencia que llamamos ritmo. Les da las estaciones, cada una diferente pero cada año las mismas, de tal forma que la primavera resulta siempre una novedad y al mismo tiempo la repetición de un tema inmemo rial. Les da, en su Iglesia, un año litúrgico; cambian de un ayuno a un festín, pero es el mismo festín que antes.

Ahora bien, al igual que aislamos y exageramos el placer de comer para producir la glotonería, aislamos y exageramos el natural placer del cambio y lo distorsionamos hasta una exi gencia de absoluta novedad. Esta exigencia es enteramente producto de nuestra eficiencia. Si descuidamos nuestra tarea, los hombres no sólo se sentirán satisfechos, sino transportados por la novedad y familiaridad combinadas de los copos de nieve de este enero, del amanecer de esta mañana, del pudding de estas Navidades. Los niños, hasta que les hayamos enseñado otra cosa, se sentirán perfectamente felices con una ronda de juegos según las estaciones, en la que saltar a la pata coja sucede a las canicas tan regularmente como el otoño sigue al verano. Sólo gracias a nuestros incesantes esfuerzos se mantie ne la exigencia de cambios infinitos, o arrítmicos.


Esta exigencia es valiosa en varios sentidos. En primer lugar, reduce el placer mientras aumenta el deseo. El placer de la novedad, por su misma naturaleza, está más sujeto que cualquier otro a la ley del rendimiento decreciente. Una nove dad continua cuesta dinero, de forma que su deseo implica avaricia o infelicidad, o ambas cosas. Y además, cuanto más ansioso sea este deseo, antes debe engullir todas las fuentes inocentes de placer y pasar a aquellas que el Enemigo prohíbe. Así, exacerbando el horror a Lo Mismo de Siempre, hemos hecho recientemente las Artes, por ejemplo, menos peligrosas para nosotros que nunca lo fueron, pues ahora tanto los artis tas «intelectuales» como los «populares» se ven empujados por igual a cometer nuevos y nuevos excesos de lascivia, sinrazón, crueldad y orgullo. Por último, el afán de novedad es indispen sable para producir modas o bogas>>

Y Ojo con esta reflexión, también de la misma carta (la XXV) y la increíble actualidad que nos suscita:.

<<La utilidad de las modas en el pensamiento es distraer la atención de los hombres de sus auténticos peligros. Dirigimos la protesta de moda en cada generación contra aquellos vicios de los que está en menos peligro de caer, y fijamos su aproba ción en la virtud más próxima a aquel vicio que estamos tratando de hacer endémico. El juego consiste en hacerles correr de un lado a otro con extintores de incendios cuando hay una inundación, y todos amontonándose en el lado del barco que está ya casi con la borda sumergida. Así, ponemos de moda denunciar los peligros del entusiasmo en el momento preciso en que todos se están haciendo mundanos e indiferen tes; un siglo después, cuando estamos realmente haciendo a todos byronianos y ebrios de emoción, la protesta en boga está dirigida contra los peligros del mero «entendimiento». Las épo cas crueles son puestas en guardia contra el Sentimentalismo, las casquivanas y ociosas contra la Respetabilidad, las libertinas contra el Puritanismo; y siempre que todos los hombres real­mente están apresurándose a convertirse en esclavos o tiranos, hacemos del Liberalismo la máxima pesadilla.

Pero el mayor triunfo de todos es elevar este horror a Lo Mismo de Siempre a una filosofía, de forma que el sinsentido en el intelecto pueda reforzar la corrupción de la voluntad. Es en este aspecto en el que el carácter Evolucionista o Histórico del moderno pensamiento europeo (en parte obra nuestra) resulta tan útil. Al Enemigo le encantan los tópicos. Acerca de un plan de acción propuesto, El quiere que los hombres, hasta donde alcanzo a ver, se hagan preguntas muy simples: ¿Es justo? ¿Es prudente? ¿Es posible? Ahora, si podemos mantener a los hombres preguntándose: «¿Está de acuerdo con la tenden cia general de nuestra época? ¿Es progresista o reaccionario?¿Es éste el curso de la Historia?», olvidarán las preguntas relevantes. Y las preguntas que se hacen son, naturalmente, incontestables; porque no conocen el futuro, y lo que será el futuro depende en gran parte precisamente de aquellas eleccio nes en que ellos invocan al futuro para que les ayude a hacerlas. En consecuencia, mientras sus mentes están zumbando en este vacío, tenemos la mejor ocasión para colarnos, e inclinarles a la acción que nosotros hemos decidido. Y ya se ha hecho muy buen trabajo. En un tiempo, sabían que algunos cambios eran a mejor, y otros a peor, y aún otros indiferentes. Les hemos quitado en gran parte este conocimiento. Hemos sustituido el adjetivo descriptivo «inalterado» por el adjetivo emocional «es tancado». Les hemos enseñado a pensar en el futuro como una tierra prometida que alcanzan los héroes privilegiados, no como algo que alcanza todo el mundo al ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga, sea quien sea.>>

Con respecto al miedo y al odio, en la carta XXIX , la exposición es simplemente sublime:

<< Pero es mejor combinar el odio con el miedo. De todos los vicios, sólo la cobardía es puramente dolorosa: horrible de anticipar, horrible de sentir, horrible de recordar; el odio tiene sus placeres. En consecuencia, el odio es a menudo la compen sación mediante la que un hombre asustado se resarce de los sufrimientos del miedo. Cuanto más miedo tenga, más odiará.>>

Y la que, para mi, supone la máxima representación del objetivo de la obra, se encuentra en la carta XXX, acerca de como se nos ha manipulado y se nos ha hecho entrar en una escala de lo real e irreal, de cómo han modificado estos términos y las emociones que les afectan:


<< hay una clase de ataque a las emociones que todavía puede intentarse. Consiste en hacerle sentir, cuando vea por primera vez restos humanos pegados a una pared (Mef:Recordemos que el autor escribe estas cartas en plena II Guerra Mundial) que así es «como es realmente el mundo», y que toda su religión ha sido una fantasía. Te habrás dado cuenta de que les tenemos completamente obnubilados en cuanto al significado de la palabra «real». Se dicen entre sí, acerca de alguna gran experiencia espiritual: «Todo lo que realmente sucedió es que oíste un poco de música en un edificio iluminado»; aquí «real» significa los hechos físicos desnudos, separados de los demás elementos de la experiencia que, efectivamente, tuvieron. Por otra parte, también dirán: «Está muy bien hablar de ese salto desde un trampolín alto, ahí sentado en un sillón, pero espera a estar allá arriba y verás lo que es realmente»: aquí «real» se utiliza en el sentido opuesto, para referirse no a los hechos físicos (que ya conocen, mientras discuten la cuestión sentados en sillones), sino al efecto emocional que estos hechos tienen en una con ciencia humana. Cualquiera de estas acepciones de la palabra podría ser defendida; pero nuestra misión consiste en mantener las dos funcionando al mismo tiempo, de forma que el valor emocional de la palabra «real» pueda colocarse ahora a un lado, ahora al otro, de la cuenta, según nos convenga. La regla general que ya hemos establecido bastante bien entre ellos es que en todas las experiencias que pueden hacerles mejores o más felices sólo los hechos físicos son «reales», mientras que los elementos espirituales son «subjetivos»; en todas las experiencias que pueden desanimarles o corromperles, los elementos espirituales son la realidad fundamental, e ignorarlos es ser un escapista. Así, en el alumbramiento la sangre y el dolor son «reales», y la alegría un mero punto de vista subjetivo; en la muerte, el terror y la fealdad revelan lo que la muerte «significa realmente». La odiosidad de una persona odiada es «real»: en el odio se ve a los hombres tal como son, se está desilusionando; pero el encanto de una persona amada es meramente una neblina subjetiva que oculta un fondo «real» de apetencia sexual o de asociación económica. Las guerras y la pobreza son «realmente» horribles; la paz y la abundancia son meros hechos físicos acerca de los cuales resulta que los hombres tienen ciertos sentimientos. Las criaturas siempre están acusándose mutuamente de querer «comerse el pastel y tenerlo»; pero gracias a nuestra labor están más a menudo en la difícil situación de pagar el pastel y no comérselo. Tu paciente, adecuada mente manipulado, no tendrá ninguna dificultad en considerar su emoción ante el espectáculo de unas entrañas humanas como una revelación de la realidad y su emoción ante la visión de unos niños felices o de un día radiante como mero sentimiento.>>

Obviamente , cada una de las 31 cartas son geniales, y en todas ellas observamos reflexiones que merecen la pena, únicamente he colocado las que más me gustaron a mi, pero podría haber puesto, efectivamente, 31 puntos de vista reflexivos, desde el punto de vista lógico y católico.

Por otra parte no debemos nunca olvidar que se trata de una obra alegórica, que no existen tales diablos y que estos sean quizás nuestras propias tentaciones, que arrastramos a lo largo de la vida, y que como cristianos estamos obligados a abandonar la mediocridad y a luchar contra estas mismas, lo que sin duda alguna agradeceremos y no solo en la Gloria sino en nuestra vida terrenal , nuestro día a día, pues no cabe duda de que nos convertirá en mejores personas y en seres más aptos para ser denominados “humanos”, pues la envidia, el egoísmo, el miedo, la soberbia, etc… son tan humanos como el simple acto de respirar, si , efectivamente, pero por eso mismo, somos humanos, somos imperfectos, y toda misión del cristiano es intentar alcanzar esa perfección o santidad en la medida de nuestras fuerzas y más aun.

En resumen, una obra magnífica que creo debería leer todo el mundo