lunes, 15 de agosto de 2011

Mayo del 68 o el triunfo del Ego (I)


Es curioso contemplar como para las nuevas generaciones , entre las cuales me incluyo, la Revolución que comúnmente conocemos como Mayo del 68 no representa gran cosa, para lo más una especie de concentración jipi y para los menos un movimiento de esperanza desvanecida, no obstante la gran mayoría no conoce ni tan siquiera los resultados de una índole ciertamente bestial que terminaron por sacudir y herir de gravedad a la sociedad occidental y cuyas consecuencias se encuentran en su cumbre en nuestros días.

En síntesis se podría decir que los jóvenes de aquellas fechas se manifestaron sin conocer muy bien el motivo, tampoco conocían los motivos y la urgencia por hacerlo, fue algo totalmente heterogéneo, mientras en París las movilizaciones comenzaron por reivindicar universidades mixtas, los motivos en otras ciudades como Verclay eran bien distintos, en unos casos de naturaleza pacifista motivados por las Guerras Coloniales europeas, en otros por la vergüenza heredada de sus padres tras la Segunda Guerra Mundial, etc… lo que queda claro que el componente que hizo explosionar aquella revuelta juvenil no fue claro ni único, sencillamente era algo que quedaba ahí.

Así comenzaron las cosas para asombro de los adultos del momento, asombro o indiferencia quizás, pero no supieron conducirlo y lo que se inició fue algo bastante más profundo y complicado. Una de las causas fue que los jóvenes del momento estaban bastante mejor formados de lo que nunca estuvieron antes y nunca estarían después, había una corriente que caló muy profundamente en la juventud de aquellos días, la formada principalmente por Marx, Freud y Marcuse, de la cual los jóvenes extrajeron diferentes conceptos en los cuales expresaron su ideal de emancipación social.

Este deseo de emancipación influyó de forma decisiva a su vez en el consumo de drogas, el cual se comenzaba a ver como algo natural y casi necesario, extirpando el tabú y los límites impuestos por la sociedad tradicional . Este hecho no deja de ser algo puramente lógico, pues es lógico plantearse la evasión de la realidad como forma de dulcificar una vida que ellos creían dura y sin sentido.

Resumiendo, se implantaron e interiorizaron los conceptos que reivindicaba la juventud, principalmente en el plano de la revolución sexual como arma de emancipación, sin olvidar el deseo de mayor espontaneidad, de vivir según el propio dictado de los deseos y la fuga de un orden económico injusto, todo ello de la mano (como antes comenté) de los conceptos adheridos por Marx, Freud y Marcuse. Por último, se interiorizó el pacifismo político (ya existente mucho antes del 68)  como embrión de lo que hoy en día conocemos como lo “políticamente correcto” y como reacción al período bélico que se había vivido y se vivía en Europa y el mundo occidental en aquel momento.

Además, ponían en cuestión la imagen de la ley, la imagen de lo real y la imagen del sentido mismo de la palabra “padre”. Cuando uno lee los discursos de los jóvenes de aquella época, resultan puramente incomprensibles, suponen un galimatías, no se advierte lo que quieren ni lo que piden ni lo que dicen. Hay una especie de divorcio de la razón.

Significó una revuelta puramente emocional, más incluso que conceptual, por parte de los jóvenes que en aquel momento apelaban a lo imaginario. Decían que lo imaginario debía detentar el poder y regir la política, no se dieron cuenta de que deliraban, que su principal impulso supuso huir de la realidad ; la emotividad tomó el poder y asistimos al desarrollo de corrientes de pensamiento puramente delirantes…que a día de hoy rigen las corrientes generales.

Breve aproximación a las consecuencias de la ruptura con la tradición.

Mayo del 68 supuso un inmenso delirio en el que se rompió con un cierto número de marcos del pensamiento cuyas consecuencias afectaron de forma extremadamente grave en el plano social, educativo, sexual y cultural. La sociedad perdió sus puntos de referencia al tiempo que rechazaba la tradición como modelo guía natural y lógico. Todo partía de uno mismo y lo más terrible, se hizo cargo del poder una generación narcisista que sobre todo quería evadirse.

De esos polvos , estos lodos, y es aquella generación la que hoy día tiene el timón de una sociedad a la deriva.


Siguiente capítulo: “Las consecuencias más significativas” y “La perdida de autoridad en el plano educativo”.