lunes, 7 de octubre de 2013

Somos hombres de otro siglo (VII): Lealtad

Hermano, los soldados de la vieja «Devotio» , se mataban cuando el jefe moría . El bueno de Guzmán enviaba el cuchillo para acabar con la vida del hijo. Rodrigo, tomaba juramento cuando había tanto perjuro y murmuraban las Cortes y los cortesanos . El Conde del Alcázar enviaba un beso como una bandera.

De todos estos ejemplos ,arde nuestro pecho; y no olvidemos que fue fruto de la fe, y esa misma fe produjo la lealtad consentida y sentida y manifestada.

Leales fueron, con el destino que les tocó en suerte de carne y en convocatoria de espíritu, nuestros padres - los que afirmaba y reivindicaba Aparisi - dispuestos a afrontarlo todo cuando todo es pura y merecida ofrenda.

Leales, con la suerte heroica, jugaron a cara y cruz por la cara de Cristo, que también es la de España, para salvar la existencia del espíritu.

Sé que pido mucho, hermano mío, cuando te exijo el valor del caballero andante y te pido y te imploro y te demando lealtad para jugarte el tipo físico y espiritual en cualquier lance que el mundo moderno fabrica y escupe y grita contra nosotros.

Lealtad para contigo mismo, que es lo que tantas y tantas veces nos dicen, y tanto y tanto cuesta mantener.
Lealtad para los nuestros, por los muertos que tienen que tener nuestra lealtad jurada de por vida, para hacernos presentes a Su diestra el día de la llamada hermosa y difícil de la muerte.

Lealtad con el decir y con el pensar y con el rezar; que no esta empresa para pusilánimes.
Lealtad en la acción y en la obra. Y, con el amigo y con el hermano. Y, con el que manda y con quien obedece.
Porque , la lealtad es recíproca, no pidas lealtades cuando no eres capaz de darlas. No pidas entregas cuando no tienes capacidad de entregarte.
Lealtad mantenida contra viento y marea. Desatados los vientos y altas mareas, amenazantes de seguridades.
Que la lealtad, sea un canto hermoso, en nuestra vida y que a ella jamás faltemos sin caer en el tremendo pecado de la traición. De la gran y pequeña traición, no. De la traición a secas.

Mantengámonos leales al sentido y el espíritu de la fe, al cual debemos seguir sobre esta patria, rezando en latín pero rezando también en castellano, que importa mucho, y manteniendo ilusiones y, esperanzas, haciendas y afanes dotes y alegrías , que importa mucho también.

Mantengámonos leales al espíritu que formó la rebelión del espíritu y que dio alas al grito de «Viva Cristo Rey».

Mantengámonos leales a la sangre  vertida de Aquel que ,por justicia, nunca debió verterla.

Mantengamos , una lealtad tremenda a la gesta y a los gestos, de quienes concedieron al corazón , el afán de grandeza y las aspiraciones más hermosas de Justicia.

Precisamente ,hermano, porque rechazamos este mundo, mantengámonos leales los unos a los otros, en todas las coyunturas.

Leales, a las promesas y propósitos realizados ante quien está presente en el Sagrario.

Leales, a las bellas ilusiones nacidas cuando tantas cosas morían a manos de la más trágica de las contiendas del hombre, que es el suicidio del alma.

Mantén tu lealtad, hermano, guardada ahí dentro, justamente, en el corazón del corazón; y habla lealmente y pensarás realmente.

Manifiéstate, con toda la tremenda lealtad de Don Quijote, que ha jurado salvar al mundo. Lleva el Detente al pecho, y allá arriba, le dicen que, con sangre, escribe en el Libro de los Elegidos.

Dios hará, que por la lealtad tremendamente sostenida y mantenida, nos llamen a su lado los que un día creyeron, sinceramente , que caían ,para devolver al alma el bello encuentro consigo misma.