sábado, 16 de abril de 2011

Grandes protagonistas: Raimundo Lulio frente al Islam

Raimundo Lulio había nacido en Mallorca en 1235; su padre fue uno de los caballeros que acompañaron a Jaime I de Aragón cuando conquistó la isla. La lengua usada por los habitantes era el árabe y la religión más extendida entre ellos la mahometana. Lulio sintió desde que vistiera el hábito franciscano un vivo anhelo de traerlos al camino de la salvación, y para ello comprendía la necesidad de estudiar el árabe, lo que hizo recibiendo lecciones de un esclavo suyo.



Por otra parte, comprendió también que el mejor medio para obtener frutos de las misiones en países de infieles era el que las predicaciones se hicieran en árabe, y ello le llevó a su idea de promover entre los religiosos franciscanos el estudio de esa lengua.

Estudió el latín y el árabe en Mallorca durante unos años, y con el apoyo decidido de Jaime II, hijo de Jaime I, a quien había expuesto su proyecto, fundó en el Monasterio de Miramar en Mallorca el Colegio orientalista y misional de Miramar, del que se ha dicho que fue el fundamento de la Congregación de Propaganda Fide, en el que trece franciscanos (en memoria del Colegio Apostólico, con el Señor al frente) habían de dedicarse al estudio de la lengua árabe.

Le prestó, como hemos dicho, toda su ayuda el rey de Mallorca, Jaime II, y el Papa Juan XXI dio su bula de aprobación el 14 de noviembre de 1276. Todos los gastos fueron sufragados por el Rey. Raimundo Lulio regentó el Colegio de Miramar durante diez años (1276-1286); Lulio explicaba sus teorías filosóficas y teológicas juntamente con la lengua árabe, enseñada «como arma eficaz de predicación y vehículo de la gracia de Dios».

En 1286, Lulio marcha a Roma para pedir al Papa Honorio IV la creación de otros centros semejantes; cuando llegó, el Papa acababa de fallecer; años más tarde (1295), encontrándose en Roma, supo Lulio que se había disuelto, por causas que no son bien conocidas, el Colegio de Miramar, lo que le llenó de gran pesadumbre.



En 1291 se dirige otra vez a Roma para pedir al nuevo Pontífice Nicolás IV que funde unos colegios misionales; no tiene éxito, y a la vista de ello resuelve pasar él mismo a tierra de infieles y disputar con ellos sobre las verdades de la fe. Marcha a Túnez donde, como consecuencia de sus predicaciones, es condenado a muerte, siéndole conmutada la pena por la de destierro.

En 1294 dirigió desde Nápoles una petición al Papa Celestino V, insistiendo en la necesidad de la fundación de los colegios misionales, pero Celestino V renunció al Papado el 13 de diciembre del mismo año. En 1295 presenta a Bonifacio VIII la misma petición, con igual negativo resultado.

En 1301 decía que llevaba ya hechas ocho visitas a los romanos pontífices y que había intervenido en tres Capítulos generales de los frailes menores hablando de ese mismo proyecto, y se mostraba desanimado por el poco éxito obtenido.



Ese mismo año le llega la noticia, que luego resultó falsa, de que los tártaros habían conquistado Siria, y embarca para Chipre. En 1307 se dirigió a Bugía buscando alcanzar el martirio; en plena plaza principal proclamó la falsedad de la secta de encarcelado. Fue cuando escribió en árabe su apología Disputatio Raimundo cum Hamar Sarraceno, siendo expulsado del país. Todo ello sirvió para afirmarle más en su decisión de luchar contra los infieles y de preparar debidamente a los misioneros mediante su formación en los colegios de lenguas.

Celebrándose en 1311 el Concilio de Viena, presentó un escrito en el que, entre otras cosas, pedía la creación de tres colegios misionales: uno en Roma, otro en París y otro en Toledo. Como es lógico, iba algo desanimado, teniendo en cuenta los fracasos de sus gestiones anteriores. Los resultados, sin embargo, superaron a sus esperanzas, ya que el Concilio dispuso que en las Universidades de París, Oxford, Bolonia y Salamanca se erigiera una cátedra de lenguas donde se enseñara el, hebreo, el griego, el árabe y el caldeo, con dos profesores por cada lengua, y que lo mismo se hiciera en el lugar de residencia de la Curia Romana.

Ars Magna


Su última misión a África la emprendió Raimundo Lulio con el propósito de lograr la cooperación del Rey de Túnez para obtener por medios racionales y pacíficos la conversión de los mahometanos. Esta idea estaba ya apuntada en el tratado inédito De participatione christianorum et sarracenorum (1312), dedicado a los Reyes de Sicilia y de Túnez, y que debió madurar durante su estancia en la corte del primero. El 14 de agosto de 1314 embarcó en Mallorca con gran solemnidad en dirección a Bugía; los jurados de la isla le acompañaron a la nave, y el Rey de Aragón lo recomendó al Rey de Túnez y a su intérprete Juan Gil en noviembre del mismo año. Las noticias que se tienen de esta última estancia son imprecisas; según parece, en diciembre de 1315 terminaba en Túnez los tratados De majores fíne intellectus y De Deo et mundo. Continuaba propagando las polémicas teológicas, y a ese fin, el propio Rey de Aragón se interesaba por que te enviaran colaboradores. Debió morir poco después en Mallorca.


La tradición mallorquína sostiene que Raimundo Lulio concitó el odio de los naturales del país con sus predicaciones, siendo por ello apedreado y maltratado; unos mercaderes catalanes lo recogieron exánime, embarcándolo en dirección a Mallorca, y a la vista de la isla murió el 29 de junio de 1315. La fecha no es exacta, ya que en fines de ese año terminaba algunos trabajos en Túnez; por otra parte, el dictado de mártir no se aplica a Raimundo Lulio en las ediciones de sus obras hechas en el siglo XV; en un códice del Museo Británico de Londres se dice que murió en Mallorca.

Raimundo Lulio fue una gran figura de la Edad Media y una de las personalidades más destacadas como predicador de la doctrina de Cristo a los infieles. Reveló un profundo conocimiento del árabe y de la teología musulmana; la coincidencia entre algunas obras lulianas y ciertas formas del misticismo musulmán que han sido estudiadas por Ribera y Asin, prueban que Lulio estuvo influido por la cultura árabe.