martes, 23 de agosto de 2011

San Lorenzo, El Escorial y otras perlas


Pues nada, de nuevo vuelvo a darles la tabarra con nuestros patrones y mis visitas particulares, pero es que la historia de San Lorenzo es digna de ser contada.

A mitad del siglo III nació en Huesca un chavalín bastante espabilado al que sus padres decidieron bautizar como Lorenzo. Muy pronto este terco joven de los Pirineos sintió la llamada del Altísimo y , antes de que cante un gallo, se marchó para Roma con el objeto de formarse en la Fe como Dios manda.

Resulta que por aquellos años andaba de emperador un pagano bastante cabroncete llamado Valeriano quien, por no ir contracorriente pues estaba de moda lo de cargarse a los cristianos por eso del que dirán lo vecinos, no dudó en continuar de forma muy dura la persecución de estos y , ojito que el tal Valeriano no era socialista, apresando al Santo Padre Sixto II en las catacumbas romanas no pestañeó ni un instante en ventilárselo.

El proceso, imagino (como en otros artículos) , no sería muy justo que digamos y garzoneando  a la romana, Valeriano decretó pena de muerte para el Papa y sus obispos.

Mientras estos eran conducidos al cadalso, el bueno de Lorenzo, diácono, se encontraba en el camino llorando por ellos, entonces S.S. Sixto II le hizo un poco la puñeta, pues a parte de encargarle que repartiera los bienes de la Iglesia entre los pobres para que no se los embargase el mamón de Valeriano, le dijo que en 3 días lo seguiría…vamos, que le quito un poco eso de la emoción al asunto.

Debido a ello, nuestro santo se encargó toda la noche en repartir las riquezas de la Iglesia a los pobres y desamparados de Roma. En efecto, al día siguiente, un prefecto romano le exigió a Lorenzo esas riquezas  y este le presentó al poco frente a su casa a todos los pobres, cojos, mancos, enfermos,… de Roma comunicándole que eran estas las riquezas de la Iglesia.

Esto no le sentó muy bien al funcionario que pronto se lo chivó a Valeriano quien , en su línea, mando torturar con escorpiones y asar en parrilla a Lorenzo. Entonces fue cuando nuestro santo demostró su espíritu de santo y mártir a los cuatro vientos, pues mientras estaba en la parrilla, no sintiendo dolor alguno, comentó a sus verdugos, así de pasada, que si le podían dar la vuelta y echarle sal que ya estaba bien cocido. Parece que esto cabreó bastante al tirano quien mandó meterle chicha al fuego, volviendo a quedarse sin palabras cuando escuchó a San Lorenzo exclamar <<Recibid, Señor, este sacrificio, en olor de suavidad>> expirando en ese momento.

Vaya par tenía San Lorenzo.

Ahora, tras la heroica historia de nuestro mártir, dejo unas líneas que escribiera el genial argentino Ignacio Braulio Anzoátegui (ya saben, por el que siento una debilidad aplastante) en su “Cielo y Tierra, 12 horas en España” re editado en Nueva Hispanidad, acerca de “El Escorial” que son de una belleza inigualable:

Ni parrilla, ni monasterio, ni pudridero, ni tumba. Sí embajada: edificio de la embajada del cielo.

Entre palomas y mediodía lo dejaron los ángeles en un lugar de Castilla; que cualquiera era bueno para dejarlo. Y unos arrieros que por allí pasaban dijeron: Ya tenemos El Escorial. Lo dijeron naturalmente, como hablando de una cosa que naturalmente les pertenecía, como del parto de una burra o como de un milagro rezado.

Porque desde la Eternidad el Escorial pertenecía a Castilla y desde la Eternidad ella le pertenecía. Allí estaba su paisaje que necesitaba de él con la soledad de quien espera lo indispensable.

Su paisaje; pero, ¿es que acaso él no es su paisaje; el paisaje hecho arquitectura? Castilla; pero ¿acaso él no es Castilla hecha embajada?

Encartado en aquel silencia de la Tierra, dueño de él y al mismo tiempo refugiado en su hondura, imperial y sereno como un águila, frágil y tembloroso como un pequeño pájaro, tiene la paz definitiva del asilo indiscutido y la provisoria paz de quien debe piar a cada instante su derecho de asilo. Porque si él es un seguro, también es un refugio; si es una afirmación, también es una angustia; si una respuesta, también un no querer formular la pregunta.

Está fijado a la Tierra con estacas, como una tienda de campaña, y cualquier día de ventolera se nos puede volar. Está fijado a Castilla: fijado a su suelo y prohijado por ella; pero en cualquier día de resurrección se nos puede volver al Padre.

Caja musical de España, con sonoridad de cisterna o de altura; de cisterna en cuya agua la estrella es un cascabel de oro, y de altura en cuya hondura la estrella es una espuela de plata. Caja sonora de España, quizás una trampa para cazar ángeles en la angelical contienda de la Gracia y del hombre.

Refugio de Alonso Quijano el Bueno, que por tercera vez, disfrazado de monje, abandonó su tierra para escapar de la Tierra y de sus asesinos: del cura, del barbero, del ama y su sobrina y de Miguel de Cervantes. Casa de Don Quijote, burlador de sus burladores. De sus burladores, que no de Sancho, el rústico lugareño a quien armó arriero andante para que le reconociera la tierra y pudiera un día entre los días pronunciar aquellas sencillas palabras iluminadas: Ya tenemos El Escorial.


Pues nada, que en ello estaba yo, visitando ayer el pueblo de donde procede mi familia y donde he veraneado desde niño, cuando me dió la vena nostálgica de las historias que nos contara mi abuelo Santiago a mi y a mis hermanos cuando niños, historias que quedaron grabadas en el alma a hierro, historias como la del mártir San Lorenzo,la de Felipe II y los Austrias, la del incauto niño Pedrín, como la aparición de Nuestra Señora de Gracia o como los recuerdos de la Romería vestidos todos de serranos hasta la ermita…ahora mi abuelo ya no está, todavía conservamos una casa que se cae a trozos (literalmente) y no podemos veranear allí (ni en ningún sitio), pero la magia que me reporta el pueblo de mis antepasados es mayor si cabe que cuando niño, por eso siempre me dejo ver por allí varias veces al año, sin casa, sin abuelo pero con mi mujer y mis hijas…ahora soy yo quien cuenta esas historias y quien trasmite esa magia. 

Fachada de la casa familiar donde todavía se aprecia visiblemente los restos del negocio de mi bisabuelo

La tropa

Impresionante fachada del Monasterio de San Lorenzo a los pies del monte Avantos

Vista lateral de "El jardín de los frailes"


Vistas de San Lorenzo desde la Silla de Felipe II, en la Herrería de San Lorenzo de El Escorial

El menda y la prole frente a la ermita de Nuestra Señora de Gracia en La Herrería