jueves, 9 de enero de 2014

COBARDES

Ser o no ser un cobarde: afrontar la vida o esconderse en ella. Asumir tus defectos, o diluirlos en los de los demás. Conocer tus vicios y tus debilidades y luchar contra ellos, o vomitarlos a otros, en una borrachera de megalomanía.

El cobarde no afronta, no asume, no lucha.

El cobarde vive en una realidad paralela en la que el mundo ha de ir a él, y no él al mundo.

Solo e inseguro. Escondido tras falsas seguridades, el cobarde, en el fondo, sabe que lo es.

Un dios con pies de barro.

El cobarde calla, mira a otro lado y huye de los demás, saltan las alarmas sociales si ha de salir de su coraza, bajo la que se siente falsamente protegido. El miedo a lo desconocido. A uno mismo. Ignorar todas sus capacidades.

Conocerse es siempre lo más difícil,  es lo que más asusta, pero cuando vences el miedo, y abandonas la cobardía, por fin eres tú. Te tienes. Con tus virtudes y tus defectos. Con tus limitaciones. Y tenerse a uno mismo es lo mejor que nos puede pasar.

Yo he sido un cobarde.

Ya no.