Es imposible que un ser humano sano pueda amar un mundo que nos guía a través de él según esas premisas; precisamente por que el ser humano saludable tiende a razonar para comprender, para "ser"; necesita comprender para amar, necesita también comprender para obrar. El ser humano saludable no puede amar un mundo al que no comprende y por lo tanto no le parece ser digno de amar. ¿Quién puede creer que este mundo merezca amor?¿de qué sirve amar lo que se ha consagrado a sí mismo al odio?.
El hombre no quiere tener para poder ser, quiere ser para comprender y quiere comprender para amar y precisamente porque el mundo moderno odia lo que naturalmente ama, necesita defenderlo.
Por eso mismo, el mundo moderno nos muestra otra máxima falsa: que tener es ser, mientras que la sabiduría eterna nos enseña que ser es defenderse.

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