miércoles, 10 de septiembre de 2014

Camino de perdición.

Ni trabajo, ni sueldo, ni posición, ni casa...ni demás sucedáneos de  la felicidad moderna son quienes dan dignidad al hombre; porque la dignidad del hombre se encuentra en su capacidad de entender su naturaleza trascendente, el sentido de su vida y la profundidad de su alma , su capacidad  para atender aquello a lo que natural y sobrenaturalmente está llamado y los límites a su voluntad que él mismo acepte libremente en pos de bienes superiores que son universales.

Esta y no otra es la relación de capacidades e inclinaciones que confieren la dignidad real al ser humano.

Quien busca su dignidad a través de bienes materiales e ideológicos camina por el sendero errado , con el alma vacía y la boca llena, hacia su suicidio.