domingo, 12 de octubre de 2014

Mundo caníbal (II)



Como me gusta aquella peli de Bogart , “El cuarto poder” en la que se advertía del poder desmedido de los medios de comunicación y su influencia en la política. Los españoles también tenemos el ejemplo sangrante de Pullitzer , el Maine y las consecuencias sufridas en la guerra de Cuba.

El caso es que en nuestros días la cosa se ha vuelto tan rocambolesca que ya no son los medios de comunicación , entendidos de forma aislada, los poderes capaces de dirigir la política, si no la opinión gutural de las masas(*) –que como todos sabemos, carecen de inteligencia- … vivimos en los tiempos de la política que se mueve al ritmo frenético del “trending topic”: 

Algo toma mucha relevancia por un periodo muy corto de tiempo. La importancia que toma un tema no se concuerda con el posterior seguimiento que tiene al día siguiente. Ayer es el perro, mañana es un caso de corrupción, pasado noticia de pobres. Algo de tanta relevancia para nuestra vida como es la política, que es el arte de gobernar, se ha convertido en una mercancía, ha tomado la forma y el formato de todo producto dentro de la economía de la atención.

Lo que ayer eran programas de prensa rosa hoy se convierten en debates políticos. Hay una tensión constante entre la politización y activación ciudadana en su interés sobre la cosa pública y el consumo escandaloso del producto llamado política y sus distintas marcas. Por una parte tendemos a interesarnos más por todo, por otra cada vez las cosas importan menos, tienen menos recorrido y da más igual lo que ocurre hoy: hay infinidad de noticias a la espera de ser vendidas y consumidas mañana.


(*)La masa crea una sociedad distópica donde el perro Excalibur tiene 145.000 fans de Facebook, provocando mucha más indignación en las redes sociales que el sacrificio de personas, por ejemplo, por los recortes en sanidad; muertos por hepatitis , abortos o muertos en urgencias por no tener papeles.


Y como es una sociedad distópica y además estúpida, a continuación tengo que aclarar que, por supuesto, tampoco quería que sacrificasen al perro sin intentar otras cosas antes.