sábado, 19 de febrero de 2011

Cantiga 192 "Muitas vegadas o dem' enganados"

Cómo Santa María libró a un moro, que estaba cautivo en Consuegra, del poder del demonio.




"Muchas veces tiene el demonio engañados a los hombres porque les hace creer muchas sandeces; y tales pecados deshace la Virgen con su gran saber."

Y, de esto, os será contado por mí y mostrado un milagro, por cuanto aprendí. Será hermoso, y bien escuchado y con ahínco, por mi gusto, y debe serlo porque Dios, el muy honrado, quiso hacerlo por Aquélla de la que fue nacido.

En Consuegra había un buen hombre, tal que a Santa María amaba más que nada y mucho porfiaba sobre Ella con un moro de Almería que decía que no valía nada su gran poder.
Este moro era cautivo suyo, y era fuertemente incrédulo; y ya quisiera, de grado, hacerlo cristiano y darle su paga, pero no había podido hacerlo, aunque se lo dijera, porque siempre se había mantenido en su incredulidad en la Gloriosa, razonando mal y con soberbia y desdén, que era muy engañosa, mentirosa y dudosa su fe y sin provecho el mantenerla, y cosa tan revoltosa y embarazosa da enojo oírla y no cabe comprenderla.

El hombre, entendido y de buen juicio, se apercibió a guardar muy bien al moro barbudo, falso y descreído, y, como persona sesuda, lo mandó meter en un sabido escondrijo de la bodega y lo hizo yacer dentro. Y cuando allí yacía, llegó el demonio y entró corriendo en él; pero se defendió el moro, temblando mucho y contendiendo, le cogió un dedo con la boca y, gimiendo y apretando fuerte, deshaciéndolo, se lo hizo perder.

De esta manera vino dos noches, pero, a la tercera, la Señora de prez, la muy verdadera y Virgen entera, como una llamarada, se dejó ver y le enseñó el camino, para que no pudiese arder en la hoguera del infierno, que hiede.
Y dijo: "Pagano, si quieres salvarte del demonio, por completo, tienes que separarte del falso, vano, muy loco y villano Mahoma, que no puede valerte, y hacerte cristiano y hermano nuestro, con arrogancia y sin temor."

Después de que lo instruyó, él le respondió que todo aquello en que había andado se había terminado, y que mal negocio hacía si no recibiera el bautismo y errara en su conocer, por cuanto había demostrado fe tan cara.

"Pero mañana, al claror, querré recibir la fe de los romanos, pues la conozco bien -dice él- porque los paganos andan, con mal seso, a manera de vanos, que no están informados de la Ley de los cristianos, para discutir nada, ni como lozanos, más bien como alocados hacia la Meca procuran extender sus manos."

Cuando amaneció, de allí lo sacó su dueño, y, claramente, le contó que había visto a la lozana Virgen que nos sana y nos logra el perdón de la manzana de Eva.

"Por ende, la ley cristiana, cumplida y cierta, y no la vana, quiero defender."
Cuando terminó estas razones, su señor lo hizo bautizar, y honrar muy cumplidamente. Y después fue hombre de buena vida, y sirvió a Aquélla que nos convida a darnos un gozo tal como nunca fue oído y de quedar a salvo sin morir nunca.