viernes, 4 de febrero de 2011

Niños que matan niños

Hay algo aquí que va mal.


La desgracia que supone un homicidio siempre se ve incrementada o disminuida  al analizar sus motivaciones y su entorno, es decir, no es lo mismo un lícito homicidio cometido en auténtica defensa propia pues se supone que existe un riesgo mortal para quien lo comete y debido a la interacción de varios factores , el sujeto activo del hecho se ve obligado (las más de las veces inconscientemente) a cometer tan penoso acto. Decía, no es lo mismo que el caso anterior que el supuesto de un homicidio cometido durante una agresión sexual, un robo con violencia, una agresión por el motivo que sea, etc… pero creo que el lector estará conmigo cuando digo que el más espantoso de todos los casos es el homicidio cometido por un niño hacia otro niño.

Veamos, no voy a ser alarmista, pues desde que el mundo es mundo ha habido infantes homicidas y , desgraciadamente, los seguirá habiendo, pero parece que el perfil del homicida y los sucesos posteriores al hecho han cambiado radicalmente.

Y si señores, han cambiado, pues era algo habitual, no hace tanto tiempo, que tras el hecho de que un niño cometiera un homicidio , el autor del mismo , guiado por un sentimiento de culpa y castigado por su conciencia, diese a conocer el hecho a sus padres, a sus amistades o a la policía. Es decir, que no hace tanto tiempo, a nivel social todavía latía un leve, pero lógico, sentimiento de responsabilidad personal ante los actos cometidos,  una conciencia colectiva e individual que , principalmente en los niños, se hacía más intensa, debido a una natural predisposición de la infancia a la inocencia.

Pero, ¿qué es lo que ha sucedido estas últimas décadas en general, y la última en particular? Cuando estamos conociendo un aumento de casos en los que un menor mata a otro, pero con la diferencia (ya decía en otras líneas que esto ha sucedido siempre) de que ahora el menor no se auto inculpa, no declara y no se responsabiliza de sus actos.



Hace unos meses se cometió un homicidio en la provincia de Toledo, resulta (recordarán) que una niña, tras agredir y lesionar salvajemente a otra de forma premeditada (de hecho la había citado en un descampado para tener vía libre) , arroja a su víctima a un pozo donde la antes mencionada pasa un calvario de al menos 2 días hasta que fallece. Durante esos dos días en adelante, la niña homicida no dice nada, no comenta nada, no se auto inculpa, etc.. es la Guardia Civil la que durante la investigación da con la autora y la detiene.

Otros casos están sucediendo de forma más o menos continuada, a día de hoy los podemos ver en la prensa. Anteayer la Guardia Civil detuvo en Arriete (Málaga) a un menor de 17 años que había matado a una niña de 13, sin estar del todo esclarecido pero siguiendo la investigación, todo apunta a que el homicidio fue cometido por el detenido sin duda alguna. Este menor, niñato (por que con 17 años ya no son niños, son niñatos) actuó de forma similar  al caso antes mencionado, es decir, tras cometer el homicidio esconde el cadáver, y ni corto ni perezoso sigue con su vida normal.

En Cataluña hace un par de años, dos menores acuden a buscar a casa a una niña de 15 años, llamando al telefonillo, la niña baja, la llevan tras un camión aparcado en un descampado, uno de ellos saca una navaja y tras agredirla, la degüella, esconden el cadáver y siguen con su vida normal, hasta que son los Mossos D´Squadra los que dan con ellos….

En la misma línea ¿Para qué vamos a tratar el tema de Marta del Castillo o de Sandra Palo? De sobra es por todos nosotros conocido.



El hecho es que cualquier persona que haya estado al tanto de los sucesos observará que existe una pauta de actuación simple y común en todos los casos resumiendo en que son , rasgos generales pero no únicos, actos premeditados (con la gravedad que supone este dato) de varón , varones mujer o mujeres sobre la víctima que por cierto resulta ser mujer en todos los casos  , donde el autor o autores tienen en mente cometer el homicidio tiempo antes, lo calculan, lo realizan siempre en lugares pensados con anterioridad y esconden el cadáver. Tras ello continúan con su vida normal, como si no hubiera sucedido nada. Gracias a Dios, son tan limitados e inexpertos que generalmente no se salen con la suya y son detenidos. Otro tema a tratar es si son juzgados de forma justa, pues en base a la Ley del Menor , a muchos de nosotros las penas nos parecen tanto menos que irrisorias e incluso un desprecio a la memoria de las víctimas y a sus familias.

Como venía planteando ¿Qué está sucediendo? No seré yo quien quite peso y responsabilidad al menor , pues además en todos los casos los responsables rondan la mayoría de edad y son plenamente conscientes de sus actos. Tampoco seré yo quién adopte el discurso pijoprogre de culpar únicamente a la sociedad de lo sucedido, pero está claro que algo de eso hay.

Vivimos en una sociedad que ha abandonado cualquier clase de sentimiento de responsabilidad; la sociedad actual, tras un largo proceso, ha apartado a Dios y a la religión de sus vidas en un intento de divinizar al hombre y sus capacidades, intentado paliar el vacío dejado por la ausencia de Dios con superficiales conceptos de responsabilidad democrática y cívica, se ha desplazado la caridad y la empatía por la solidaridad, que viene a ser algo así como opinar de todo para quejarse pero no relacionarse con el problema y mirar para otro lado. Parece que la conciencia, el remordimiento y la responsabilidad ante uno mismo han desaparecido del mapa, etc…Esta reflexión anterior, incontestable por su veracidad, se hace más patente cuanto más joven es el sujeto.   

Son generaciones enfermas en cuyo seno nacen a veces monstruos capaces de actuar como en los casos anteriormente expuestos, pero no solo en estos, sino en todos los aspectos de su vida: relaciones familiares, afectivas, sociales…desastrosas. No han tenido una socialización sana y natural, mientras que los padres los han agasajado con todas las libertades y caprichos habidos y por haber, no han inculcado en ellos la más mínima noción de responsabilidad y madurez. Pero no solo en casa, también las instituciones y el Estado han sido los responsables, concediendo toda serie de prebendas y facilidades para que lo anteriormente expuesto sucediera. Los ejemplos son miles y no son el principal motivo de estas líneas, por lo tanto aquí dejaré de enumerarlos, no sin antes comentar que uno queda asombrado al comprobar que la sociedad del aborto y la eugenesia encubierta es la que, tras la corrección política dominante, más potencia por medio de sus leyes , el encubrimiento y la escasa sanción del autor de hechos tan nefastos e infames como los que he expuesto en un principio.

En fin, hay algo aquí que va mal, y no es una afirmación al aire sin respuesta o que exija un acto de conciencia general, en plan buen rollito, sino que el problema está claro y sus responsables bien visibles, y desde luego no soy yo parte del problema ni el responsable. Están criando una generación de las peores (sino la peor) que ha habido en este país durante toda su historia, la generación que ahora se denomina “Ni-ni” y que en 20 años se  llamará “Del suicidio y del Prozac , la generación del pasotismo, del relativismo, del todo vale, del ya me lo arreglará alguien, del quiero ser mayor con 14 años pero soy un niñato condenado a serlo hasta los 30, la generación del dame pero no me pidas, del quiero pero no concedo, la generación que no ha conocido a Dios por que se lo han negado, se lo han ridiculizado, se lo han prohibido…pero ha conocido los efectos más nefastos del hedonismo promulgado en Mayo del 68, del lo quiero y lo quiero ya, de la frustración y el nihilismo….en fin, la generación donde los niños matan a los niños.