domingo, 4 de marzo de 2012

América y sus enigmas (y otras americanerías) de Torcuato Luca de Tena


Una interesante aproximación a la temática más discutida del Descubrimiento.

 
Editorial Planeta (2ª Edición) 1992
 
Independientemente de otros temas cuando uno lee a quien hizo de su vida la escritura y además goza con ello no puede sino más que degustar lo que tiene delante. Ese es el caso que me atañe ahora mismo, por que cuando tomé , no sin ciertas reticencias, este trabajo y comencé con su lectura no pude hacer otra cosa que disfrutar y degustarlo como un niño al que acaban de regalar un algodón de azúcar.

Es un trabajo exquisito que nos muestra el alma hispanista de su autor, una intencionalidad y potencialidad divulgativa fuera de serie acercando hechos históricos, sociológicos y culturales al lector de forma divertidísima y  sin rebajar el nivel lo más mínimo.

El ensayo consta de tres partes bastante diferenciadas, la primera y en mi opinión más potente nos acerca a los enigmas del continente americano, desde las profecías clásicas hasta las medievales pasando por Séneca, Raimundo Lulio o Dante; el enigma celtibero y tarteso americano, la gran mentira nórdica y anglosajona del mapa de Vinlandia y la leyenda (de origen católico por cierto)  sin base histórica del descubrimiento y pseudo-colonización vikinga en el continente americano. Más que interesante apartado acerca de la realidad o el mito de Sánchez de Huelva o la figura de Santángel en la empresa colombina y una más que interesante teoría, que por cierto solo queda en eso, acerca de la relación entre Asia, África y los primeros habitantes del continente hermano.

En cuanto a la segunda parte, a mi personalmente es la que menos me ha interesado, el autor nos trata de la historia española sumergida en América haciendo hincapié en los restos de nuestros naufragios a lo largo del continente pero con especial énfasis en el mar Caribe, donde nos expone los procedimientos utilizados por los norteamericanos para recuperar tesoros ocultos en el fondo del mar y dando especial relevancia al hecho de que suponen porciones de nuestra historia que están olvidadas por nosotros y casi la vergüenza que supone sean más estudiadas por naciones extranjeras que por la propia España o sus naciones hermanas hispanoamericanas.

De el sentimiento último que expresa el autor en el última párrafo al que me refería, nace el tercer capítulo dedicado a lo que el autor denomina “Otras americanerías (Cortés)”   donde Don Torcuato desmigaja las aventuras de los vascos en américa, en el océano Pacífico y el Asia (con especial referencia a las amadas Filipinas) , y presta especial atención al fenómeno antinatural que se ha originado a lo largo de los siglos en la figura del más grande entre los granes, Hernán Cortés, exponiendo de forma energética, vivaz y casi minuciosa la aventura de este genial hidalgo extremeño, desde tierras castellanas hasta mejicanas, dotando de base a la patria mejicana y, con el tiempo, enfrentándose no al olvido, sino a la mentira y el escarnio de su memoria. Cortés, un  hombre que según el autor (y el lector que escribe esta reseña) fue el conquistador más importante y grande que ha dado la humanidad, por encima de figuras como las de Alejandro Magno o Julio César, tanto por lo que conquistó, el elemento religioso y cultural que doto a lo conquistado (que paso a ser parte vital de esa vieja patria europea) y la perdurabilidad de su obra, a día de hoy visible. En fin, me pongo pesado con el tema de Cortés por que el autor incide mucho en ello y por que no le falta razón cuando afirma que somos un pueblo condenados por nosotros mismos, sin necesidad de leyendas negras ni demás zarandajas extranjeras.

Otro tema que desconocía totalmente y que resulta cuanto menos interesante es la brutal similitud existente entre las religiones americanas precolombinas y la cristiana; tema que el autor realza en varias ocasiones incluso aportando material de otros escritos suyos para plantear la hipótesis novelada que el denomina <<La Biblia maya y el Polpol Vuh cristiano>> .

Para terminar no podía el autor dejar de lado a las Canarias y , por supuesto, la figura que está presente a lo largo de este trabajo y de nuestra memoria, la persona de Cristóbal Colón al que nunca la Cristiandad estará lo suficientemente agradecida.